El día anterior a nuestra boda, en un tiempo de oración y preparación ante ese momento tan importante en nuestras vidas, el Señor nos regaló el Salmo 23 como una Palabra que estaría muy presente en nuestro caminar como matrimonio. Nunca hubiéramos entendido mejor el alcance de sus palabras hasta varios años después, cuando podemos dar testimonio de que verdaderamente nada nos ha faltado ni nos faltará, porque el Señor nos lleva siempre de su mano como nuestro Buen Pastor que siempre nos conduce a los mejores pastos.

El verano del año 2003 ha sido para nosotros uno de esos momentos que siempre quedará grabado en nuestras vidas, en el que el Señor nos hacía una revelación al corazón muy especial: “Te llamo a una entrega para la que no tendrás hijos“. Unos pocos meses después de esto, fue la medicina la que nos confirmaba que no sería posible para nosotros tener hijos. El Señor fue preparando nuestros corazones para acoger su propósito en nuestro matrimonio y, aunque muchas veces no hemos entendido, su gracia siempre se ha manifestado en medio de nuestra debilidad y de nuestra pequeñez.

Nuestra realidad laboral y económica ha pasado por momentos de gran incertidumbre en muchas ocasiones a lo largo de estos años; sin embargo, nunca hemos dejado de experimentar su alianza y su fidelidad en medio del desierto, donde el oro se acrisola en el fuego. Tantas veces nos hemos visto al límite de nuestras propias fuerzas, que hemos entendido que en la debilidad se manifiesta mejor la fuerza de Cristo.

Hoy sabemos que el Señor nos ha regalado estos años atrás para preparar nuestros corazones y hacernos barro en las manos del mejor alfarero, de manera que siempre descubramos el gozo de decirle “sí”. Una vida de oración y de intimidad con Él, que ha sido siempre nuestra prioridad, unido a la Palabra de Dios que ha sido capaz de emocionarnos cuando le hemos dejado hablarnos al corazón, han marcado la diferencia en nuestro caminar como matrimonio. Así, hemos podido caminar con la profunda convicción de que los planes del Señor son siempre los mejores y están muy por encima de los nuestros. Muchas veces habíamos hablado acerca de nuestros planes como cualquier matrimonio (hijos, trabajo, etc.); sin embargo, el Señor continuaba mostrándonos otro camino diferente y revelándonos su propósito para nosotros.

¡Qué diferente resulta la vida cuando caminas de la mano de Dios! Tantas veces nos seguimos empeñando en nosotros: nuestros planes, nuestra vida, nuestro tiempo, nuestros sueños… y, sin embargo, cuando de verdad das un paso al frente y decides “perder tu vida” por Jesucristo y por su Reino, es ese el momento cuando la encuentras de verdad y cuando te preguntas: ¿cómo es posible que hasta hoy haya podido vivir de otra manera?, ¿cómo es posible que nos aferremos tanto a las cosas de este mundo que tienen fecha de caducidad y no hagamos la mejor inversión de nuestras vidas en lo que de verdad importa y permanecerá para siempre?

Aunque a veces lo que nos pide el Señor no es fácil, Él es siempre fiel y de su mano caminar siempre es mejor y más sencillo. Todos estos años nos han enseñado a madurar como creyentes y como matrimonio cristiano, y el Señor una y otra vez nos estaba mostrando que deseaba llevarnos a otro “nivel” en nuestra relación con Él en el que no tuviéramos ningún otro apoyo ni seguridad fuera de Él. El camino ha sido largo y hemos tenido que pagar el precio de la fidelidad a los planes del Señor para nuestro matrimonio, pero siempre merece la pena cuando es Dios quien está metido en la “jugada”. La incomprensión, el desamparo, la desolación y el rechazo han formado parte de ese precio que siempre estuvimos dispuestos a pagar, ya que nuestra determinación ha sido y seguirá siendo ser fieles a Dios y a su propósito para nuestras vidas y nuestro matrimonio, por encima de todo lo demás.

Ya no vamos a poder olvidar nunca algunas de las Palabras del Corazón de Dios que el Señor nos ha dirigido a lo largo de estos últimos diez años y que siempre estarán bien grabadas en nuestros propios corazones: “sal de tu tierra…“; “soy Yo, no temáis“; “tu Dios te levantará, abrirá para ti los cielos“; “Dios no se retrasa, todo se cumplirá“; “ahora es cuando, éste es el tiempo“; “Yo voy a abrir una puerta“; “¿no te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?“.

El año 2012 fue un año difícil, intenso, con el vino a punto de terminarse; sin embargo, María ha estado con nosotros y nos ha mirado con cariño y con ternura de Madre para llevarnos siempre de su mano y por el camino adecuado. Fue un año en el que clamamos a Dios con todas nuestras fuerzas para que se realizara el cumplimiento de su voluntad en nosotros antes de finalizar el curso pastoral 2011-2012. No podemos ocultar que hubo momentos muy difíciles, de dudas, cansancios, falta de paz y cierta desesperanza en algunas ocasiones; sin embargo, nunca habíamos dejado de creer en la Palabra de Dios y en su fidelidad, y nunca nos faltó su gracia para seguir adelante y esperar con perseverancia. Hemos caminado contracorriente y hemos experimentado la soledad del profeta en tierra extraña. ¡Qué habría sido de nosotros si no fuera por su gracia y por su amor!

El 27 de mayo de 2012, día de la solemnidad de Pentecostés, fue un día para asombrarnos y dar gracias al Señor porque fuimos testigos de una parte del cumplimiento de la Palabra de Dios en nosotros. ¡Dios es fiel, siempre fiel! Él realiza su Palabra y cumple sus promesas. Ese día recibimos de parte de Mons. José Ignacio Munilla una propuesta de integración apostólica en esta Diócesis de San Sebastián en la que hoy nos encontramos. No tuvimos ninguna duda de que el Señor era quien nos estaba pidiendo dejarlo todo para comenzar una nueva etapa como matrimonio misionero, consagrado a tiempo completo y a corazón completo, sobre todo, a la tarea de una Nueva Evangelización. Comenzamos a caminar como un ministerio laico de evangelización al servicio de toda la Iglesia, enfocados en trabajar por un avivamiento, un despertar y una renovación en el Pueblo de Dios que haga posible una Nueva Evangelización.

A través de este ministerio deseamos ser un instrumento en las manos de Dios que responda y ayude a responder a lo que el Señor está pidiendo hoy a su Iglesia. Buscamos favorecer una espiritualidad de comunión en el Cuerpo de Cristo para hacer posible una Iglesia más misionera y más evangélica, que haga real y creíble el anuncio del Evangelio. Para nosotros la vida es Cristo (cf. Flp 1,21) y esto nos compromete, nos hace discípulos misioneros; tenemos algo que contar y Alguien de quien hablar. En nuestro corazón arde una pasión, llevar el amor de Dios a nuestra generación. Es real que no hemos podido tener hijos, pero el Señor nos ha mostrado que nos estaba llamando a otro tipo de paternidad en su Iglesia.

Tenemos un sueño y una misión: alcanzar y transformar esta generación con el Evangelio de Jesucristo, manifestando así la compasión del Corazón de Dios por los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Hoy, nuestra razón de existir y vivir es ésta: pasión por Dios y compasión por las almas.

“No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino en el desierto y ríos en la tierra estéril.“ (Isaías 43,18-19).

Onofre Sousa – Icíar Santiago (2013)